La teta: el placer del alimento

La teta: el placer del alimento
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La teta madre

Tal y como sostiene la psicología freudiana , tras el primer suspiro, la primera fase evolutiva en el crecimiento infantil es la búsqueda del placer mediante la boca. Para un bebé todo pasa por su paladar y sus deseos sólo se reducen al placer. La leche materna es su primera relación con el alimento y la teta es su primera satisfacción. Simbólicamente podríamos hablar del papel nutritivo que adquiere la mujer para la sociedad (1). Las primeras necesidades vitales del mamífero es respirar, mamar, dormir, defecar y obtener contacto piel contra piel (calor-protección). Sin embargo, en nuestra cultura occidental, el significado del pecho ha sufrido una destacada dicotomía. La parte buena se asocia a la vida, a su aspecto nutritivo y a la figura materna. La mala, al erotismo y la pornografía.

Ahora bien, pensemos en este último apunte: Madre vs Erotismo. Hoy en día, ¿en cuál de los dos términos entra la idea concebida como femenino? A mi parecer, en la sociedad occidental, lo femenino tiene más peso en el erotismo que en la maternidad. Una madre (se supone) es respetada. Sin embargo, una mujer femenina es tratada como objeto, esclava, puta. No puedes ser atractiva pero tampoco puedes pasar desapercibida. Ni la guapa gana ni la más fea pierde. Todas perdemos… incluso siendo madres. Vivimos en una sociedad en la que nos sentimos obligadas a ser perfectas olvidando nuestro lado más natural. Y por olvidar, no solo apunto a las mujeres, también me dirijo a ‘ellos’ por colaborar en la intoxicación de los cuerpos femeninos.

La liberté guidant le peuple - Delacroix
‘La liberté guidant le peuple’ – Delacroix (1830)
La revolución francesa de 1789, se personificó en Marianne. Mujer con los pechos desnudos simbolizando la Libertad, Igualdad y Fraternidad. Fue el pecho-estatal de Francia y se identificó como la madre que amamanta al pueblo y la “ciudadana responsable”.


(1) La investigadora de la universidad norteamericana de Stanford, Marilyn Yalom, en su libro “Historia del pecho, recoge y sistematiza la historia del pecho femenino, estructurándola en tres vectores a partir de los cuáles se le ha representado en Occidente: el pecho como reclamo erótico, el pecho nutritivo y la patología del pecho. Según la autora, esta representación se ha hecho, primordialmente desde la óptica de los hombres y de las instituciones.

La teta erótica

Hacia el s. XV, las religiones se encargaron de remarcar la relación entre pecho y deseo masculino. Ya sabemos que la Santa Inquisición no destacó por dar buenos frutos a raíz de tantas prohibiciones. Más tarde, hacia el s.XVI los primeros corsés y corpiños forzaban los omóplatos hacia atrás, elevando y proyectando el pecho hacia delante. Ensalzaron los pechos sin mostrar respeto alguno por el cuerpo natural de la mujer (sacrificio por una idea preconcebida e impuesta como belleza). E aquí cuando la moda empieza a cobrar especial fuerza en las mujeres. La funcionalidad del cuerpo se reduce al deleite visual y a la satisfacción masculina. Se olvida por completo que las mujeres desarrollan sus propios senos no como objeto sino como sujeto de placer (individuo) y también como primer alimento del ser humano (sustento de la humanidad).

Los primeros corsés se encuentran en las civilizaciones antiguas de Micenas y Creta, pero en Occidente aparece en el siglo XVI, al popularizarse su uso en la corte de los Medici. Su propósito inicial era conseguir un torso cónico, rígido y estilizado para las damas de la aristocracia y la nobleza. Estos primeros “corsés” se hacían en su totalidad en metal, eran totalmente rígidos y por tanto limitaban la movilidad.” (Wikipedia)

Díptico de Melun
Agnés Sorel (1422 -1450), la amante de Carlos VII, retratada por Jean Fouquet.
La ‘Dame beauté’ muestra directamente su pecho al espectador, frente al total desinterés del niño sentado en su falda.

Durante el s.XX, existieron breves periodos en los que se pusieron de moda los pechos pequeños. En la década de los años 20 y en los años 60, cuando surgió la moda unisex. Es de observar, que estas épocas coincidieron con el movimiento feminista. Sin embargo, durante los períodos destacados por gobiernos conservadores, como por ejemplo los presidentes de los Estados Unidos Nixon o Ronald Reagan, la imagen de la mujer objeto se sexualizó dando mayor volumen a sus pechos. Un concepto dirigido únicamente para la plena satisfacción del hombre. Paralelamente, y como consecuencia, se reforzó la cirugía estética imponiendo los implantes mamarios. No hace falta recordar que, hasta el día de hoy, la publicidad, el cine y la pornografía perseveran la existencia de una moda creada por hombres. Un producto hecho para ellos a costa de ellas (¡y ellas encantadas oiga!). Podemos pensar ciegamente que se puede comprar un reloj pero no su tiempo, aunque, visto lo visto, cuando más nos engañemos peor. HOY, TODO ESTÁ EN VENTA.


La teta enferma

A principios de los años 90 el Ministerio de Salud de los Estados Unidos impuso una moratoria porque se observó que el gel de siliconas podía perjudicar la salud. Como alternativa, se empezó a utilizar un nuevo tipo de implante y este fue autorizado (es menos peligroso que el anterior pero sigue siendo peligroso). Sin embargo, conociendo la existencia del cáncer de mama, en su mayoría, las mujeres siguen prefiriendo correr riesgos para resultar más atractivas a los ojos de los hombres. Y por cierto, muchas personas, mayoritariamente hombres, no saben distinguir un pecho natural de uno operado (¡Gracias por colaborar con la causa!).

“Cuando se exagera un sentimiento, desaparece la capacidad de razonar”.

Gustave Le Bon (1841 – 1931 – Sociólogo y físico aficionado, en el campo de la psicología social)

Hemos llegado a una época en la que todo vale para ser estándar y en la que no vales nada si no eres del montón. Observemos como, tras un siglo, hemos pasado de la revolucionaria cadena de montaje instaurada por Henry Ford en la industria del automóvil a la estandarización de la masa social. Según el sociólogo Gustave Le Bon, cuando las personas forman parte de una masa tienen una conducta extraña y dejan de ser ellas mismas para pasar a integrarse en una misma alma. Le Bon la definía como un espíritu colectivo, distinto al de cada uno de los individuos componentes del fenómeno. En esta alma colectiva se funden, por contagio, las mentes individuales, formándose en una unidad mental que hace perder a cada persona su propia individualidad. Los instintos más primarios desaparecen, con lo que las reacciones de la masa pasan a ser irracionales, emotivas, extremas, volubles e irresponsables. Conclusión, es más fácil controlar una unidad que una multitud y lo miren por donde lo miren, la teta sigue dominado el mundo.

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