#Manspreading: ¿machismo o falta de civismo?

#Manspreading: ¿machismo o falta de civismo? | Kâfeïna Girl
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Este neologismo se lanzó como campaña en los transportes públicos de Nuevo York y ahora Madrid se suma al barco. Actualmente, se ha anunciado que los autobuses madrileños lucirán pegatinas contra el ‘manspreading‘ para evitar la práctica de algunos hombres de sentarse con las piernas abiertas ocupando el espacio ajeno. Sin embargo, en el metro no parece que vayan a poner ninguna medida.
Por otro lado, es la nueva tendencia en las redes sociales. Por lo visto se ha animado a las mujeres que presten atención durante sus viajes en metro y suban fotos capturadas en la vía pública denunciando este gesto (#MadridSinManspreading). Sin embargo, en contrapartida, ya se está tomando la ‘revancha’ subiendo fotos de mujeres invadiendo el espacio público (#Womanspreading).

¿Qué es el ‘manspreading‘?

Definición según el diario Público

Manspreading
Estar sentada en medio de transporte público y no tener sitio para poner las piernas porque el hombre que se sienta junto a ti ocupa más de su espacio o literalmente se hace el dueño de todo el espacio. Eso es lo que significa este neologismo. Aúna las palabras ‘man‘ (hombre) con ‘spreading‘ (extenderse) y representa la costumbre que tienen no pocos hombres de ocupar la mayor parte del espacio público, habitualmente despatarrándose.

Por lo visto, se trata de un problema que sólo sufren las mujeres por parte de los hombres. A mi todo esto me da risa, en serio. Cada vez más pongo en duda cual es el propósito real de algunas mujeres feministas. ¿Cuál es el objetivo? ¿Educar? Pues señorxs eduquemos a nuestros hijxs a sentarse bien, a comportarse en público y a respetar. Porqué por lo que a mi me concierne todo lo que pasa en el transporte público afecta a todxs, no sólo a las mujeres. Buscando en mi cajita de los recuerdos veo infinidad de situaciones en las que el espacio público se convierte en constantes invasiones por parte de distintos individuos. ¡Y nada que tiene que ver la edad o el género!

Invasión del espacio al niño

La primera imagen que me viene es de cuando iba al colegio. Cada mañana a las 7h30 cogía el bus y de costumbre, solía coincidir con las mismas personas… Las que más recuerdo eran las señoronas que iban a limpiar a las casas del barrio de Sarriá (Barcelona). Escandalosas, divertidas pero bastante bastorras… Recuerdo muy bien cuando apoyaban todo su peso encima de mi cartera y de cualquier otro niño. Imaginaros cómo eran cuando se sentaban a tu lado. Invasión total de tu espacio infantil. Lo peor eran los días de lluvia. A mi se me empeñaban las gafas y no veía ni un pijo. El bus estaba a rebentar y nadie me veía. Como eres pequeña da igual, cabes en cualquier rincón. Nadie piensa que al igual te pueden asfixiar acorralandote. Y no hablemos de aquella persona que no se coge bien a la barandilla y al primer freno, ¡zasca!… te pisaron, te aplastaron y encima ni te preguntan si te has hecho daño.

Invasión del espacio por parte de los jóvenes

Luego crecí, y cuando me tocó ir a la Facultad de Bellaterra (UAB), cambié el bus por los ferrocarriles catalanes. Allí me dí cuenta que la falta de asientos hacía que los más jóvenes se sentasen en el suelo frente a las puertas de entrada y salida del vagón. Los que éramos ágiles ya estábamos acostumbrados a saltar por encima pero lo increíble era cuando se incorporaba frente a la salida una persona mayor. Nadie se inmutaba. Lo mismo pasa en el metro. Hay, también, un sinfín de patas de palo espatarradas en mitad de los pasillos impidiendo el paso. Da igual si es chico o chica. Lo que está claro es que la posición de sus columnas les pasará factura algún día. Y no olvidemos también, la manía que tienen algunos por utilizar el asiento de enfrente como reposa pies. Increíble pero cierto… Lo público no es público. Lo público sigue siendo una jungla.

#manspreading

Invasión del espacio a la gente mayor, personas con muletas y embarazadas

En la ciudad ya nadie respeta a las personas mayores y la dependencia por los móviles lo agrava todavía más. Nadie presta atención y el que lo vé se hace el ciego. Todxs pensamos que seremos jóvenes eternamente. Es el precio que pagamos por vivir solo en el presente. Sin embargo, observo que la gente que vive en ciudades más pequeñas o en pueblos, cuando bajan a la ciudad condal,son los primeros en observar y extrañarse que en los transportes públicos nadie cede su sitio a las personas mayores o necesitadas.

Embarazadas, transporte público

El despatarre masculino

Sí, es cierto que los hombres tienen costumbre de despatarrarse. Al igual que se dejan la dichosa tapa de wáter abierta y no hay tu tía de hacerles entender que la que se agacha cada vez para bajarla eres tu. Sin embargo, también es cierto que hay mujeres que te meten el codo a la altura del ojo cuando estás sentada tan tranquila leyendo en el transporte público y no les importa si respiras. Al igual que hay personas que ven a una embarazada y tristemente ni se inmutan. Lo cierto, es que el ser humano sólo distingue a otro ser de su propia condición. El niño, el jóven y el adulto verá al de su misma edad y el anciano, aunque no te lo creas, nos vé a todxs.

Queridas feministas, por favor, si vamos a hablar de manspreading no hablemos de machismo, hablemos de civismo. Personalmente, no acabo de ver qué objetivo puede haber en tal asunto. ¿Crear un correccional de poses? ¿Un reformatorio de posturas? ¿Harían lo mismo con las mujeres que adoptan posturas consideradas masculinas? ¿A qué jugamos? ¿A inventarnos los tiempos de Franco?

Cuando hacia deporte en el instituto, un profesor de gimnasia observó que andaba mucho con las manos metidas en los bolsillos. Y pretendió corregirme haciendo de mi toda una señorita: “Ese gesto es muy de hombres“.
_¿Entonces, para qué me cosieron bolsillos en el pantalón?_ le contesté.
… y seguí con mis manos en su sitio.

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