Nosotras también nos masturbamos viendo porno

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Un día, tuve la oportunidad de tomar algo con Pere Estupinyà, el científico del sexo, autor de S=EX2. Entre varios temas intercambiados hubo especialmente una pregunta por parte de Pere que se quedó en el aire: ¿Las mujeres cuando véis porno os masturbáis igual que los hombres?

Pues sí, nos masturbamos igual. Puede que no recuramos tanto a este recurso porqué no nos resulta tan necesario, porqué no se asocia a la mujer o porqué tampoco nos gusta tanto todo lo que hay en este mercado. Quizás para una mujer sea más común ver porno en pareja que mirarlo ella sola en la intimidad. Hay casos para todo. No existe regla alguna 😉 Por un lado diré, que encuentro positiva la capacidad de la mujer por darse placer sin recurrir al porno… ella misma se basta y los hombres también. Sin embargo, lo que no negaré es que somos visuales. Del mismo modo que nuestra cabeza genera imágenes y situaciones fantasiosas con el fin de estimularnos; una peli, una revista, un cómic o una lectura erótico-porno nos estimula igual. Y francamente ¿no sé qué hay de extraño? El ser humano, hombre y mujer, se caracteriza por la imaginación… y ambos somos capaces de percibir sensaciones a través de nuestras fantasías. ¿Porqué sería tan extraño que una mujer se masturbase frente a una peli porno entonces? Si se excita mediante lo visual y percibe placer, ¡una no es de piedra! 🙂

La masturbación no sólo es cosa de hombres

Lo que sí que quizás debería ser más preocupante, es la asociación de la pornografía con el pajillero… y claro, de aquí que la mujer no pueda serlo… (¿qué dramático no?). Aunque una adicción puede contemplarse en cualquier persona y pueden existir mujeres que hayan encontrado una forma de estimulación mediante una adicción al porno. ¿Porqué no?

Cómo he citado antes, es cierto que la mujer no es muy común que recurra a la pornografía cada X tiempo para masturbarse. No le hace tanta falta. Socialmente, porqué nunca la han educado para estimularse mediante el porno, por otro lado, esa falta de dependencía por el porno la hace más libre y, quizás, más sana. Sin embargo, para los hombres pajilleros altamente consumidores del porno, ¿realmente es sano? ¿Qué consecuencias tiene en su verdadero comportamiento sexual? ¿Tienen una percepción real del término sexo? ¿Saben vivir sin él?

Añadiré otro punto a esta reflexión. Las mujeres también tratan al hombre como objeto. Sólo que se reconoce a menor escala ya que nuestro entorno está montado para que sea la mujer objeto quién destaque. Sin embargo, una cosa es cómo está montado el sistema y otra, cuál es la realidad. A nosotras también nos pone a 100 un cuerpo cañón y musculado, un culo bien moldeado, un pene bien tieso… 😀 Pero también nos podemos excitar con escenas de mujeres como de hombres homosexuales… Cubrimos un abanico de posibilidades mucho más extenso que el hombre hetero.

En resumen, nuestra capacidad para desarrollar sensaciones placenteras mediante lo visual es ilimitado. Posiblemente, por esta razón, podemos decir que la mujer es quién domina el arte de la provocación y de la sensualidad. Cosa que los hombres, en mi opinión, tienen menos desarrollado. Aunque, insisto, eso no significa que no nos estimule lo visual, como cualquier otro sentido: el olfacto, el oído, el paladar y el tacto.

Para terminar, vuelvo a la pregunta de inicio para abrir otra pregunta: ¿Los hombres cuando os imagináis a una mujer masturbándose… en qué pensáis que piensa? Francamente, no se trata sólo de darle al dedo. Funcionamos igual que los hombres. También imaginamos situaciones placenteras y luego nos dejamos llevar. Por lo tanto, si nos encerrasen en una habitación solas y frente a una pantalla transmitiendo pornografía o acompañadas de una buena lectura erótica, nos pondriamos igual de enfermas. 😉 Y es que hay veces en que la excitación viene provocada por el deseo mental antes que la excitación física. La imaginación estimula un deseo que se acaba traduciendo en una estimulación genital. El único problema del porno es el de siempre. En su mayoría, no está pensado para la mujer. Es demasiado explícito en detalles femenínos y muestra un punto de vista enfocado en el hombre. Para ella, eso resulta totalmente innecesario y lo que hace su cerebro es concentrarse en la parte sensorial que le pueden provocar ciertas imágenes.

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